RuralLab ULL 2026: cuando la universidad sale al campo (y el campo entra en la universidad)

Rural Lab ULL 2026, proyecto en el que pudimos participar como facilitadores para aplicar soluciones disruptivas en el sector primario

Rural Lab ULL 2026

Aportando al sector primario con estudiantes universitarios

Hay una brecha que llevamos años observando: por un lado, universidades llenas de talento joven que busca experiencias significativas y contacto con la realidad. Por otro, territorios rurales con emprendedores que se enfrentan cada día a retos complejos —comercialización, digitalización, relevo generacional— sin los recursos ni el tiempo para resolverlos solos.

RuralLab nació para cerrar esa brecha.

En la edición de 2026, hemos co-diseñado e implementado junto a la Universidad de La Laguna un programa formativo de cuatro meses que conectó a estudiantes universitarios con emprendimientos reales del sector primario en las Islas Canarias. Este es el relato de cómo fue.

«Un laboratorio de innovación, no una asignatura».

Cuando decimos que RuralLab no es una formación teórica, lo decimos en serio.

Desde el primer día, el programa se articuló en torno a retos reales: tres emprendimientos del sector agroalimentario canario que necesitaban ideas frescas, miradas nuevas y metodología para avanzar. Los estudiantes no trabajaron sobre casos de estudio ficticios ni sobre datos de un libro. Trabajaron con personas reales, en fincas reales, con problemas que importan.

La metodología vertebradora fue el Design Thinking: un proceso de innovación centrado en las personas que permite pasar de la empatía con el problema a soluciones concretas y prototipadas. Aplicado al sector primario, donde los retos tienen mucha carga emocional, cultural y territorial, resulta especialmente potente.

El proceso: de la sesión formativa al hackathon

El programa se desarrolló en cuatro fases a lo largo de los meses de febrero y marzo de 2026.

Fase 1: Arranque y base metodológica

Las dos primeras sesiones formativas, celebradas los días 5 y 6 de febrero en la Universidad de La Laguna, sirvieron para poner a todo el mundo en el mismo punto de partida.

Se presentaron los tres retos del sector primario —sidra artesanal en Tenerife, batata en Lanzarote y piña tropical en El Hierro— y se introdujo la metodología Design Thinking. Los equipos se configuraron, se asignaron roles (organizador, documentador, comunicador) y comenzaron a investigar.

No fue una clase magistral. Fue el inicio de un proceso.

Fase 2: Visitas de campo

En febrero y marzo, los equipos viajaron a los tres territorios para conocer de primera mano la realidad de cada emprendimiento.

En Lanzarote, visitaron la SAT El Jable, dedicada al cultivo de batata. Descubrieron una realidad compleja: pérdida de variedades autóctonas, problemas fitosanitarios, dependencia del agua y una estructura de pequeños agricultores que combinan el cultivo con otros empleos. También visitaron la zona vitivinícola de La Geria y Bodegas Rubicón para entender cómo funciona la cadena de valor cuando el producto consigue escalar.

En El Hierro, visitaron la Cooperativa de La Frontera, que produce piña tropical, plátano y vino. Los retos aquí tenían nombre propio: escasez de mano de obra, degeneración de los cultivos, falta de relevo generacional y una comercialización que, con el 85% de la producción vendida en la propia isla, tiene mucho margen de crecimiento.

En Tenerife, la visita fue al Grupo de Acción Rural (GAR) en Tacoronte, hogar del proyecto de sidra artesanal POSMA. Una historia fascinante de innovación local, con sus luces y sus sombras: un producto gourmet reconocido incluso en Asturias, pero frenado por costes de producción elevados, falta de tradición sidrería local y tensiones organizativas entre productores.

En cada visita, los estudiantes no solo escuchaban: preparaban entrevistas, utilizaban mapas de empatía, identificaban retos estructurales y documentaban el proceso. La investigación era parte del aprendizaje.

Fase 3: Trabajo intermedio y seguimiento

Entre visita y visita, los equipos seguían trabajando: sintetizando la información recogida, refinando su comprensión del problema, debatiendo con sus compañeros. El equipo de Pueblos Remotos acompañó este proceso con seguimiento continuo y sesiones de revisión.

Fase 4: El Hackathon

El 21 de marzo, los tres equipos llegaron a la Universidad de La Laguna con semanas de trabajo a sus espaldas y algo muy claro en la cabeza: el problema que querían resolver y la solución que habían diseñado.

Tenían un día para prototipar, refinar y presentar.

Lo que salió del Hackathon

Tres propuestas que, cada una a su manera, demuestran que la innovación en el rural no tiene por qué ser complicada. Solo tiene que ser honesta con el territorio.

Ruta Experiencial de Bienvenida — Sidra de Tenerife

El equipo identificó que la sidra POSMA tenía un problema de visibilidad y de canales de venta, pero también una oportunidad enorme: la manzana reineta tiene historia, tiene cultura, tiene paisaje. Y eso, bien contado, vale mucho.

Su propuesta fue un servicio integral de turismo rural: una ruta de senderismo que conecta los cultivos de manzana con una experiencia gastronómica y culmina en un punto de venta de productos locales. Con packaging experiencial, código QR y toda la cadena de actores necesaria para hacerlo funcionar (cooperativa, productores, enólogo, entidades públicas).

La clave no era solo vender más sidra. Era convertir la sidra en una puerta de entrada al territorio.

BATATAPP — Batata de Lanzarote

El equipo detectó que el gran problema de los agricultores de batata en Lanzarote no era solo la tecnología: era la gestión de la información. Saber qué variedad plantar cuándo, cómo comunicarse con Agrocabildo, cómo tomar mejores decisiones con los datos disponibles.

Su respuesta fue BATATAPP: una aplicación o interfaz web de agricultura de precisión adaptada al contexto local. Sencilla, accesible, pensada para agricultores que no son nativos digitales. Digitalización al servicio del campo, no al revés.

Talento Tropical — Piña de El Hierro

El equipo afrontó quizás el reto más estructural de los tres: la falta de personas que quieran trabajar en el sector agrícola. El envejecimiento del sector, la escasez de mano de obra y la ausencia de relevo generacional son problemas que no se resuelven solo con tecnología.

Su propuesta, Talento Tropical, fue un programa edu-laboral para atraer talento joven a la Cooperativa de La Frontera. Combinando convenios de prácticas, estrategia en redes sociales, talleres de formación y un CRM para gestionar candidatos, plantearon una solución que ataca el problema desde lo creativo y lo sistémico a la vez.

Lo que nos llevamos nosotros

Después de cuatro meses de programa, hay algunas cosas que nos reafirman en lo que creemos.

Primero: que los jóvenes universitarios tienen una capacidad enorme para conectar con la realidad del campo cuando se les da el espacio y el método para hacerlo. No necesitan que se les suavice el problema. Necesitan que se les tome en serio.

Segundo: que los emprendedores rurales tienen mucho que aportar al aprendizaje universitario. Las visitas de campo no fueron solo trabajo de campo: fueron encuentros entre mundos que raramente se cruzan, y de esos encuentros salen cosas que no se pueden replicar en un aula.

Tercero: que el Design Thinking, bien aplicado, funciona en el rural. No como fórmula mágica, sino como proceso que obliga a escuchar antes de proponer, a entender antes de solucionar.

«Esta experiencia aumentó mi interés por emprender y conectar con entornos rurales. Me inspiró ver cómo la innovación puede generar impacto en las comunidades rurales y cómo los recursos locales pueden aprovecharse para proyectos sostenibles y con valor social y económico.» — Participante de RuralLab ULL 2026

¿Cómo funciona el modelo?

En RuralLab, Pueblos Remotos se encarga del diseño e implementación del programa completo: identificación de retos reales con emprendedores del territorio, coordinación académica y operativa, facilitación de todas las sesiones formativas y visitas de campo, y acompañamiento continuo a los equipos de estudiantes.

La universidad aporta lo que mejor sabe hacer: la difusión y captación entre su alumnado, la financiación del programa, la cesión de espacios para el inicio y el cierre, y el reconocimiento académico a los participantes —hasta 30 horas de créditos o certificación específica.

El resultado es un programa que le funciona a las tres partes implicadas: los estudiantes salen con una experiencia práctica real; los emprendedores rurales reciben ideas y energía nueva; y la universidad genera un impacto tangible en el territorio.

¿Tu universidad o institución quiere hacer algo así?

RuralLab es un programa adaptable. Se puede implementar en distintos territorios, con diferentes sectores productivos, y en distintos formatos: como asignatura de libre configuración, como microcredencial, como curso de extensión universitaria o como programa de prácticas con reconocimiento académico.

Si representas a una universidad, una administración o una entidad que trabaja con territorios rurales y crees que algo así podría funcionar en tu contexto, nos encanta hablar.

Escríbenos a hola@pueblosremotos.com o descarga nuestra propuesta de colaboración para universidades.

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